domingo, 25 de abril de 2010
Duele, literalmente.
Es como que las pastillas no hacen efecto a esta hora de la mañana. Dar un paso es casi un reto. Describirlo es difícil. De fondo se escucha la voz y el sonido ligeramente oriental, para mi gusto de "el árbol del puercoespín". Quizá no deba oírlo, porque su música me pone nerviosa, y eso afecta más a mi dolor. Dios mío es casi insoportable, no podía ni dormir, ni si quiera poner los pies en el suelo después de incorporarme de la cama. La cama, que las sábanas desprendían su olor todavía, quizá eso fuera lo único que me calmara. Llamadme loca por oler unas sábanas, pero es un olor algo único y especial. Jamás había experimentado esta sensación tan fuerte, volviendo al daño. En fín, supongo que no podré estudiar los movimientos de Stalin y Mussolini hasta que baje la presión abdominal.
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