Dejarse llevar suena demasiado bien. Jugar al azar, nunca saber dónde puedes terminar o empezar.
Un instante mientras los turistas se van de un tren de madrugada. Consigue trazar la frontera entre siempre o jamás.
Ella duerme tras el vendaval. Se quitó la ropa, sueña con despertar en otro tiempo y en otra ciudad.
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