domingo, 28 de agosto de 2011

Copenhague

Él corría, nunca le enseñaron a andar. Se fue. Las luces pálidas. Ella huía de espejimos y horas de mar. Aeropuertos. Unos vienen, otros se van. Igual que Alicia sin ciudad. El valor para marcharse, nieve al llegar. Llueve en el canal, la corriente enseña el camino hacia el mar. Todos duermen ya.
Dejarse llevar suena demasiado bien. Jugar al azar, nunca saber dónde puedes terminar o empezar.
Un instante mientras los turistas se van de un tren de madrugada. Consigue trazar la frontera entre siempre o jamás.
Ella duerme tras el vendaval. Se quitó la ropa, sueña con despertar en otro tiempo y en otra ciudad.

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