miércoles, 22 de agosto de 2012

Se tienen muchos colegas a lo largo de la vida, pero amigos, ¿cuántos?. Cuando te haces mayor empiezas a encontrar en tus compañeros algo que tu familia no puede darte. Te entienden, te ayudan, comparten tus cambios y experiencias nuevas, parece incluso que son más importantes que las personas de tu propia sangre, que son como tu segunda familia. Poco a poco, cuando crecemos nos damos cuenta de que realmente esas amistades se acaban rompiendo, que no estarán ahí siempre, que te acaban decepcionando y dejan de existir esos vínculos tan fuertes que sentías con 14 años, que personas que considerabas tus hermanos acaban siendo personas a las que saludas por educación, con las que no compartes más que un "hola" y "adiós", como mucho una noche de fiesta, un café. Decepciones, desilusiones, personas que sólo te cuentan lo que quieres oír, no lo que realmente es bueno para ti. Las decepciones duelen más que cualquier otro sentimiento en el mundo. Son ellas las que nos demuestran que hemos sido tontos, que esperábamos más de alguien que dio por ti en un pasado, pero que ahora no está disponible. Te acabas sintiendo solo, y realmente te preguntas si puedes confiar en alguien, cuando en el pasado tuviste a tu lado a personas a las que confiarías tu vida, pero te decepcionaron. Se pierde la relación con aquellos que hace 5 años afirmabas con seguridad que estarían en tu vida siempre, pero realmente sólo estaban de paso. Yo ya no espero nada de nadie, así no me sorprenden las decepciones.

No hay comentarios:

Publicar un comentario