domingo, 28 de octubre de 2012

Miedo

El miedo es como la familia, que todo el mundo tiene una, pero aunque se parezcan, lo miedos son tan diferentes y tan personales, como pueden serlo todas las familias del mundo. Hay miedos tan simples como desnudarse ante un extraño, miedos con los que uno aprende a ir conviviendo. Hay miedos hechos de inseguridades, miedo a quedarnos atrás, miedo a no ser lo que soñamos, a no dar la talla. Miedo a que nadie entienda lo que queremos ser. Hay miedos que nos va dejando la conciencia, el miedo a ser culpables de lo que les pase a los demás, y también el miedo a lo que no queremos sentir, a lo que no queremos mirar, a lo desconocido. Como el miedo a la muerte, a que alguien a quien queremos desaparezca. Y hoy he escuchado a un señor en la tele, un señor encantador, que decía que la felicidad es la ausencia de un miedo. Y entonces me he dado cuenta de que últimamente, yo ya no tengo miedo. Librarse del miedo es como quitarse la ropa delante de alguien, a veces cuesta, pero cuando empiezas lo único que tienes que hacer es seguir, sin dudar, y de repente te das cuenta de que el miedo ya no te pertenece, ha desaparecido, como esa ropa que un día dejas de usar. Nos empeñamos en buscar la felicidad cada día y no nos damos cuenta de que es ella quien tiene que encontrarnos, y eso será donde menos te lo esperas, en el instituto, en el supermercado o en mitad de una boda. Y cuando llega descubres que ahí no acaba todo, que el final de un camino sólo es el principio de otro, y lo único importante es la persona que escoges para que camine a tu lado. Y esconderse es lo que menos te importa, lo que te importa es que estás tocando con la yema de los dedos eso que has estado soñando toda tu vida, y ya sólo importa el hoy, el presente y lo que queda por venir. Por muchas noches en blanco que una dedique a pensar en su biografía sentimental la verdad sera que encontrara pocas soluciones Podrá parchear tal o cual relación pero al final volverá a pasar lo de siempre que un momento dado saltara en pedazos como tantas otras veces ,porque uno es como es y no es fácil dejar de serlo para querer a alguien es casi un combate perdido de antemano. Asi que lo mejor que nos podría pasar es que las relaciones sentimentales viniesen con fecha de caducidad como los yogures asi sabriamos de ante mano cual es la fecha del final y no perderiamos el tiempo en inseguridades ,sospechas ni discusiones, nos dedicariamos a disfrutar cada momento hasta la ultima décima de segundo. Aunque si lo piensas lo bueno de no tener fecha de caducidad es que nos permite seguir soñando que esta vez si ese yogur pueda conservarse Para siempre

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