sábado, 17 de agosto de 2013
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Tirada en la cama, los rayos de Sol luchan por encontrar un hueco entre las densas nubes. Las gotas de lluvia repiquetean en el cristal, hacen carreras para ver quién llega antes a la parte de abajo de la ventana. No puedo abrir los ojos, o no se si no quiero. Escucho pasos, o quizá lo estoy soñando. Estoy en plena vigilia, no sé si es real o no, no sé dónde estoy. Floto, fluyo, la corriente me arrastra. Me dejo llevar, que sea lo que Dios quiera, si este es el destino que me tenías guardado bienvenido sea. No me ahogo en el fondo del océano. Me he acostumbrado a esto. Las horas pasan como si fueran días. Las agujas del reloj son crueles y se mueven despacio. Tengo que irme. No, no quiero. Debo, pero no, esta vez no. Ver la vida pasar frente a mis ojos por primera vez me da igual. ¿Quién soy? No me encuentro, no me reconozco. Me agarra una mano, me levanto, salgo a la superficie. Me quema la luz del Sol, he estado demasiado en la madriguera. ¿Qué es esto que estoy descubriendo? ¿Por qué tanta ansia por conocer? ¿Qué significa esta tormenta que siento en mi cuerpo? Me revoluciona, me perturba, me quema, pero a la vez me alivia. Tápame los ojos, llévame lejos de este infierno. Me diste aire en donde lo único que había era oxígeno viciado y humo.
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